Y piensas que esta vez será diferente, que no hará daño a la gente. Si te descuidas la conciencia te desgarra el alma y te quedas con los pensamientos fríos. Ya no noto tu mano suave acariciando mi espalda, no entiendo tu forma de mirarme, no sé que hago en este sitio. Las luces del árbol han desaparecido y tu voz ha dejado de escucharse. Lo veo, veo ese agujero negro que absorbe la alegría. Ahora me hacen falta tus brazos, tus susurros, y no están. No sé si soy yo o es mi corazón el que se debilita cada vez con más fuerza, a mayor intensidad. De repente se va la luz, y un olor a ti me atrae, tanto como si fuera cualquier droga. Tal vez seas un milagro, aunque no crea en cuentos. Pero hubiera sido demasiado que este hubiera sido el mío. Me faltas. Me incompletas. Me recuerdas. Me matas lentamente para que no sufra, tan solo un poco.
Pero entonces despiertas de ese maldito sueño que te sigue persiguiendo cada noche y lo único que se te ocurre es mirar atrás y pensar que ojalá fuera verdad, ojalá estuvieras aquí.
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